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Álvaro Inglés

Resulta difícil resumir la experiencia de diez meses justo cuándo se está al final, pero más difícil era hacerlo en medio del camino. Ahora, con el Youthpass en proceso, parece mucho más sencillo echar la mirada atrás y pensar en todo lo que ha ocurrido y la buena experiencia que ha sido el SVE.



Mucha gente en España se marcha por la falta de perspectivas laborales o la necesidad de tomarse un tiempo después de la universidad y pensar qué hacer después. En mi caso simplemente quería saber cómo sería ser voluntario si tuviese tiempo y me lancé al proyecto, aunque significase renunciar al trabajo que tenía en un periódico. Terminé en Poznan (Polonia) con Cim Horyzonty, al principio lo que más me interesaba era que el proyecto me permitía hacer mis cosas audiovisuales y que era en una ciudad grande.

Sin embargo, me encontré en el distrito de Lazarz, uno de los antiguos barrios marginales de la ciudad en los que todavía queda mucho alcohólico, pero también en el que los colectivos sociales se centran en hacer más trabajo con jóvenes y ancianos. Así nos metimos en las actividades en el centro cultural más cercano, Krag, para dar clases de idiomas y otras actividades.

Por mi parte, fui el profesor de inglés de dos grupos (adultos y ancianos) durante siete meses, una experiencia que me enseñó muchísimo sobre cómo enseñar, lo que es nada sencillo. Sin embargo, la actividad que más disfruté con diferencia fue poder dar clases de zumba en diferentes ocasiones para niños y ancianos. Hay pruebas, aunque muchos de mis amigos no se lo crean todavía.

 

Mientras tanto seguía todas las actividades de mis compañeros y mi organización a través de la cámara para crear fotos y vídeos de todas nuestras diferentes aventuras: presentaciones culturales, talleres sobre antidiscriminación, debates, animación para todas las edades y concienciación sobre Derechos Humanos.

Esto último puede parecer una obviedad, pero hay quien sigue considerando estos derechos fundamentales como algo nuevo o incluso indeseable con padres deseando que no se hable del tema en las escuelas. Pero ese es el objetivo del voluntariado, conocer las circunstancias del país en el que estás, ayudar en lo que puedas y formar parte de la comunidad.



Me gusta pensar que nuestras pequeñas aportaciones, el contacto de jóvenes con extranjeros y otras iniciativas están ayudando a crear un barrio más tolerante.

Para ser sincero, aunque muchos lleguen aquí huyendo de la situación de Galicia o España me parece que la huída acabará al llegar. El voluntariado no es un segundo Erasmus; hay problemas de adaptación (a veces), malentendidos, objetivos difusos, mucha autorreflexión y hace falta diálogo con el entorno cercano.  Aún así, me parece que da igual los motivos de marcharte, aprendes algo nuevo de una forma u otra. En mi caso, he aprendido qué tal vez debería trabajar para la comunidad y no solo para mí mismo.



Intento no crear un mito alrededor de la experiencia. Hay mucho cuento detrás del rollo internacional, de la experiencia única fuera o de la “aventura” de ser voluntario. Creo que es una oportunidad única por la posibilidad de realmente meterte en un reto a nivel intelectual y físico, con proyectos de todo tipo y para todo tipo de personas.

 También creo que hay que ir con la mente preparada para los retos que hay que pueden variar en función del lugar. Pero cuando pienso en la lista de cosas a preparar me supera la lista de cosas que se ganan por el camino, muchas de ellas todavía ni sé cuáles son porque tardaré en procesarlas y esa es la magia de este proyecto.