¡MÁS QUE UN  RETO SUPERADO!

 

Me llamo Paula, soy de un pueblo gallego llamado Betanzos,

en A Coruña, y después de terminar la carrera de Derecho y realizar el máster que me permite ejercer como abogada, decidí vivir mi propia experiencia de Voluntariado Europeo, por lo que, después de una intensiva e interesante búsqueda, hice mis maletas y en febrero de este año viajé a Sofia, capital de Bulgaria, para realizar esta inolvidable experiencia, con una duración de dos meses.

 

 

El proyecto al que decidí unirme se basaba en la educación no formal en colegios, todo  sobre derechos humanos. Cuando vi el anuncio de una plaza en  Infinite Opportunities Association ¡no pude perder la oportunidad y postular! Para mí la temática de los derechos humanos siempre ha sido algo sumamente interesante, además de ser algo que es inviolable  que desgraciadamente en muchos lugares del mundo no está siendo así. Además está íntimamente relacionada con mis estudios, por lo que además de ser muy enriquecedor, ha sido súper motivante.

 

 

 

Mi labor como voluntaria consintió en acudir a diversos colegios en la ciudad de Sofia y alrededores y realizar presentaciones y workshops con niños de diversas edades, desde pequeñajos de 10 a adolescentes de 18. Era increíble ver como con unos ejercicios estos eran capaces de abrirse a la clase y a algunos extranjeros, en un principio desconocidos y ver como poco a poco, y clase a clase, nos abrían las puertas y pensamiento, entendiendo el mundo y la gente que les rodea... Estas presentaciones se basaban en los tópicos de género, estereotipos, machismo, xenofobia, homofobia... intentando realizar clases divertidas e interactivas con los maravillosos (sí, MARAVILLOSOS) alumnos de las diferentes escuelas. Fue genial ver como ellos podían razonar, reflexionar y debatir entre ellos sobre las ideas que traíamos a las clases, además de la emoción que tenían al poder disfrutar de jóvenes venidos de diferentes países de Europa. Y que por mínimo cambio positivo que haya causado nuestra labor en estos dos meses, nosotros ya nos considerábamos las personas más felices del mundo.

Además de todo lo profesional aprendido, que ha sido mucho, me llevo todo lo personal, que es incalculable. Puedo decir que he aprendido a leer el alfabeto cirílico tan característico de los países balcánicos (no, aunque lo parezca, no es imposible) gracias a una maravillosa profesora cedida por la ONG, que puso todos sus esfuerzos en que saliéramos a las calles de Bulgaria pudiendo (o intentado por o lo menos) comunicarnos en con el resto de ciudadanos. Que sí que es un reto enorme superar la barrera del idioma, pero ha sido divertido. ¡Reto superado! 

Y qué decir de la gente que me llevo… amigos búlgaros, italianos, franceses, portugueses, alemanes, egipcios.... Amigos para toda la vida.

 

He viajado como nunca. Que Búlgaria esté rodeada de países ha facilitado multitud de viajes que pude hacer en compañía de amigos y hasta viajando sola: Turquía, Serbia, Macedonia, Bosnia y Herzegovina y Grecia. He aprendido cosas innumerables, lo he pasado genial, he reído, he trabajado muy felizmente, he conocido la cultura de este país increíble y muy de cerca a sus gentes y sobre todo a sus jóvenes.

 

Ahora es un recuerdo, pero no puedo estar más contenta por haber vivido esta experiencia. Inolvidable se queda corto.

Paula Pedreira Sanmartín. Voluntaria en Sofia, Bulgaria.