¡Hola! Me llamo Ruth, tengo 23 años y trabajo como voluntaria en Vilnius, Lituania. El año pasado estuve trabajando como voluntaria en dos asociaciones, y la experiencia me encantó. Decidí que, además de vivir en un país extranjero, quería seguir explorando el ámbito del voluntariado. Hacer un servicio de voluntariado europeo era la opción ideal. Escogí Lituania por varias razones, siendo una de ellas no sabía mucho de este país y eso lo hacía más interesante. Algo que sí sabia era que el clima no se debía tomar a la ligera, especialmente durante el inverno. Por suerte, mi primer día aquí parecía primavera.

Trabajo en la escuela de primaria Balsiai como profesora auxiliar de inglés. Nada más llegar allí en mi primer día un grupo de niños de octavo me recibió con carteles en los que se leía mi nombre. Me hicieron un tour por la escuela en un inglés tan avanzado que me hizo preguntarme seriamente por qué me necesitaban allí. Además, nunca había trabajado con grupos de niños anteriormente, y todo eso hizo que me pusiera bastante nerviosa. Sin embargo, mis miedos eran innecesarios. Aquí todo el mundo es muy amable, y los niños son un amor.

Por supuesto, no puedo hablar de esta experiencia sin mencionar a mis compañeros voluntarios. Cada semana quedo con gente de toda Europa, salimos de fiesta y viajamos juntos. Nos llevamos de una forma muy interesante, ya que, aunque no nos vemos todos los días por trabajar en centros distintos y vivir a media hora en bus unos de otros, nos sentimos a gusto entre nosotros de forma automática y en todos se percibe la voluntad de pasárnoslo lo mejor posible juntos.

Ya llevo tres meses aquí y me siento del todo adaptada, sobretodo ahora que el temido invierno ha llegado y tengo todo lo que necesito para que no se me congele ninguna parte del cuerpo (gorro y calcetines de lana, abrigo por debajo de las rodillas, botas de nieve, etc.). De todas formas, con los paisajes que tengo alrededor los dos próximos meses no serán tan duros.